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Cuando me propuse escribir este libro de autoayuda jamás supe que estaría sentado al mismo tiempo en el banquillo de los acusados, en una butaca del jurado y en la silla del Juez. Soy culpable de muchas transgresiones, pido condonación por ello, me perdono por lo mismo y sentencio mi absolución.
Solicito a Dios me beneficie con la Serenidad, me provea siempre el Valor, me otorgue mientras avanzo en el camino la Sabiduría y continuamente me entregue el poder de la Decisión.
Para todos los miembros de infieles anónimos, va este libro.
Franz Merino